Por Coerción, “acato” la Constitución

Por Acacio Puig

Coerción, porque dados su contenido, gestación y utilización fundamentalmente represiva, resulta una entelequia la vigente fórmula de acatamiento de la constitución española “por imperativo legal”.

El revelador más próximo y contundente ha sido la reacción “constitucionalista” ante el Referéndum catalán del 1-O de 2017 (judicialización, represión mediante el uso indiscriminado de las fuerzas de orden público contra la población, exilios y encarcelamientos) y también el papel tres días mas tarde, de la monarquía-Jefatura del Estado como aval autoritario del despropósito.

En cuanto a las posiciones del nuevo gobierno socialista, “relajan” pero no resuelven.

Cuarenta años después.

Han transcurrido casi 40 años desde el referéndum de ratificación constitucional (6 de diciembre de 1978) y es mejor empezar retomando lo ocurrido entonces.

En primer lugar subrayemos que en 1978 no hubo proceso constituyente sino pacto entre fuerzas políticas significativas de la época, representadas por los llamados “padres de la constitución”, pacto de representación ajeno a cualquier voluntad de estimular la participación social.

Aquellos padres putativos fueron: tres representantes de la UCD, entonces en el gobierno (Gabriel Cisneros, Miguel Herrero y J. Pedro Pérez Llorca) un representante de Alianza Popular (AP) Manuel Fraga, uno de la Minoría Catalana, M. Roca, además de Peces Barba por Socialistas del Congreso y Solé Tura por el Grupo Comunista.

Cisneros murió en 2007, Solé Tura en 2009 y Peces Barba y Fraga en 2012. El resto, se acerca a los 80 años. El paso del tiempo no perdona.

Circularon los anteproyectos de constitución en prensa y otros medios, pero nada serio se supo de los debates preparatorios, ni de las diferencias, ni ultimátum si hubiera. De modo que la población fue ajena al ejercicio de opinión y palabra hasta la conclusión de los pactos de palacio.

Sobre la base de esos anteproyectos y proyectos, las organizaciones políticas y sindicales fueron afinando alineamientos y posiciones. Y finalmente tuvo lugar el referéndum sin que mediara debate público en diversidad e igualdad de oportunidades de expresión. Todo se subsumió en la propaganda del SI de los corderos.

La pregunta que se llevó a las urnas el 06 del 12 de 1978 tras décadas de dictadura, represión y régimen de partido único, se limitó a un “¿Aprueba el Proyecto de Constitución? Y el proyecto fue aprobado por el 67.11% de quienes votaron.

El resto se decantó por la abstención, el rechazo explícito mediante el voto NO y los más de 750.000 votos en blanco y nulos.

Las irregularidades fueron muchas: el INE (Instituto Nacional de Estadística) en la actualidad calcula que el censo se infló en más de un millón de personas, que en Madrid no aparecían en el censo más de 300.000 personas con derecho a voto, que regiones enteras en Galicia estaban medio olvidadas y que los datos censales del Ministerio del Interior solo coincidían con los que obraban en poder de la Junta Electoral Central en 11 (once) provincias de las más de 50 que configuran el país.

Hicieron campaña por el SI, la derecha civilizada (sic) la socialdemocracia y los comunistas del PCE y el PSUC, también organizaciones que se postulaban a su izquierda, pero en vías de acelerado transfuguismo y disolución (ORT y PTE) y los sindicatos anexos a todos ellos –entonces indudables correas de transmisión- UGT, CCOO, USO, SU y CSUT.

Entre los abstencionistas citaremos solo al PNV, el anarco sindicalismo encarnado por CNT, algunas organizaciones desaparecidas y otras -como el Movimiento Comunista (MC)-con una identidad francamente diluida aunque se redefinirían más tarde, durante la larga campaña Anti-OTAN.

Por último, en el frente del rechazo (la campaña por el NO) nos encontrábamos junto a históricas formaciones de naciones sin estado como ERC, el BNPGallego, H. Batasuna, algunas organizaciones de izquierda ya extintas y otras marxistas, como la LCR (Liga Comunista Revolucionaria) el PCE-ml (Partido Comunista de España- marxista leninista) ó el PORE… que hoy perduran con entidad organizativa, aún con mutaciones de orientación y de siglas.

El frente del NO contó con inevitables excrecencias de extrema derecha, como FN y la aún legal en 2018, FE-JONS, organizaciones nutridas por sectores no reciclados y minoritarios de la gerontocracia franquista.

La abstención superó los ocho millones de votos, el NO rayó el millón y medio y los “vencedores” –que cada cual responda de sus fraudes y claudicaciones ante la historia- superó los quince millones y medio de votos.

En 2018 y frente al “catecismo constitucionalista” es importante subrayar esos datos (para nada aplastantes) además de las anomalías de procedimiento ya citadas y tomar en consideración el crecimiento del censo: 26.632.180 personas en 1978 frente a los treinta y cinco millones de personas en 2018.

Como también es obligado enfatizar, porque incide en la configuración del presente inmediato, los dos millones y medio de personas que en Catalunya el pasado octubre, defendieron con su voto “ilegal” el derecho a decidir (negado por la constitución) y la opción republicana (que tampoco cabe en ella).

En cuanto a los contenidos constitucionales entonces pactados, entiendo que basta ahora recordar la entronización constitucional de la monarquía (hoy duplicada entre rey emérito y consorte y la nueva pareja real) una entronización impuesta por la dictadura franquista y avalada luenga data, por el imperialismo estadounidense -el amo de las bases y de la OTAN.

Se consumaba así el doble entierro -primero militar y luego “constitucional”- de la 2ª República, de su constitución y de su bandera.

Entre los contenidos negados por feroz omisión, destacamos la ausencia del derecho de autodeterminación de las Naciones sin estado, la no asunción de responsabilidades ante los restos del quebrantado imperio colonial (Sahara, Ceuta y Melilla…) la indiferencia ante los derechos de la población femenina (el feminismo de la época rechazó la constitución) y el nulo valor constitucional-garantista en asuntos muy serios como los derechos sociales, laborales y políticos…derechos en permanentemente regresión mediante el recurso a leyes, decretos ley y sustitución bárbara del Estado Social de Derecho por el Estado Social de Cohecho…Sin menospreciar el papel adjudicado al ejército como garante de aquel pacto escrito como “ley de leyes”.

¿Una vía constituyente?

Desde luego que sí, pero el problema parece que siendo esa vía el gran referente para que la ciudadanía recupere su soberanía y abra un nuevo medio-largo plazo más progresista, vivimos tiempos de estancamiento. Al tópico de “la modélica transición” ha sucedido el de “la modélica constitución” y la trama continuista, mediante dosis fuertes de maquillaje y talante, es defendida con uñas, dientes, leyes y represión, por los dueños del chiringuito de la alternancia, fieles a su ya largo historial de rentabilización constitucional en su provecho tanto como de la ingeniería anexa: pacto social, ley de amnistía y ley electoral.

Analistas amig@s miltantes, acuñaron hace tiempo la idea de la necesaria “convergencia de procesos constituyentes” (el proceso de procesos); sin embargo, el momento óptimo que ofrecieron tantas y tantas “mareas”, no ha explicitado su vocación constituyente: desde el derecho a vivienda a la PAH, desde la marea de sanidad a la de funcionarios, desde el 15 M a precari@s y jubilados, desde las luchas contra la violencia de género a la gran huelga feminista del pasado 8 de marzo, desde la primera apertura en León de fosas de asesinados al Memorialismo defensor de verdad, justicia y reparación…

Esos procesos, carentes de horizonte constituyente (quizá objetivamente…pero sin orientación concreta, explícita, constituyente) siguen lastrados por el cadáver del 78 que permanece atado a la espalda de la población del estado.

Y eso es un grave problema que solo ha superado –a pesar de sus explicables y explicadas limitaciones- la dinámica catalana: republicana e independentista aunque desigualmente social… una dinámica prolongada e inconclusa pero que cuestiona en palabras y actos la vigente constitución española.

De modo que, malogradas las oportunidades sociales anteriores de ganar horizontes constituyentes sectoriales (aunque se haya hincado el diente en las nuevas oportunidades institucionales) parece resultar muy urgente –empleando el símil ferroviario- reabrir las vías regionales, todas las vías regionales. Algunas existen ya, otras son incipientes, a veces ignoradas, aisladas… y hacerlo desde lo más valioso –estimo- de las experiencias derivadas de arduas caminatas militantes del pasado siglo: las de la plena inserción en todo lo que sectorialmente se mueve y hacerlo desde la elaboración colectiva y meticulosa que avale la mayor inserción, creativa y paciente, en la acción y los procesos constructivos de ideas y organización; en nuevas mareas, en movimientos sociales y sindicales, en lo que ya es visible y también en lo que embrionariamente, pugna por emerger.

Y desde luego, generalizando lo que hoy es solo “nacional” pero que mediante estructuras de solidaridad, apoyo mutuo y acción internacionalista, será capaz de hacer efectiva la globalización de las resistencias y las alternativas.

Y sin embargo

Es necesario vacunarse frente a cualquier fundamentalismo constitucional, porque las Constituciones son expresión de momentos de la relación de fuerzas entre las clases y por tanto, aunque ofrecen posibilidades de erigir cartas de derechos soberanos de alcance masivo, están amenazadas por la reversibilidad cuando el control social, la presión desde abajo, se destensa. Así ocurrió con la primera Constitución de 1917 en la URSS, con la Constitución de la Segunda República española o con la Constitución nacida en Portugal, como consecuencia de la Revolución de los Claveles.

Porque el Poder, el Dominio, siempre amenazan y la tarea de hacer para avanzar, es Permanente.

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