“Yo también me sueno con un trapo rojigualda”

Por Acacio Puig

El 26 de noviembre el humorista televisivo Dani Mateo ha sido citado por la justicia; con la mayor dignidad se negó a declarar, perplejo ante la pretensión de “ajusticiar” a un payaso.

La acusación, instrumentada por Alternativa Sindical de Policía comunicaba a través de Raúl Cuesta -su portavoz, que “los policías, los guardias civiles y los militares defendemos una bandera que representa unos principios y unos valores de la ciudadanía” y que “por ello, seguiremos defendiendo esta causa ante los juzgados”.

Sin embargo, la ciudadanía no precisa que policías, guardias civiles ni militares representen nuestros principios y valores: nos bastamos y sobramos para hacerlo por nuestra cuenta y riesgo a través de las formas de democracia directa y representativa que reglamentan -y encorsetan, a día de hoy- el ejercicio de nuestros derechos y deberes.

La llamada Alternativa Sindical de Policía, asumiendo atribuciones que no le corresponden, generaliza a cuerpos de seguridad del estado, el Título preliminar-Artículo 8 de la Constitución, el que otorga a las Fuerzas Armadas la misión de “garantes del ordenamiento constitucional” (Título preliminar-Artículo 8).

Si mal estaba aquello, peor el que policía y guardia civil se autoincluyan en la “representación de valores” de una ciudadanía ideológicamente plural, a la que suponen “representada” por la actual bandera de España.

Porque no lo olvidemos, se trata de una bandera tan de circunstancias y coyuntura como los asuntos esenciales que vertebran aquella constitución votada en 1978 entre amenazas, ruido de sables, traiciones, engaños y fantasías populares nacidas de décadas de hambruna de libertad.

Así se coló, (a pesar de ocho millones de abstenciones y un millón largo de NOes) la institución monárquica dotada de poderes arbitrales –a pesar de haber sido entronizada por la dictadura- la negativa del derecho de autodeterminación de las Nacionalidades, la sacralización de la economía de mercado junto a la limitación de derechos laborales, el machismo constitucional y como triste reverso, el nulo garantismo de derechos políticos y sociales de la ciudadanía (amenazados siempre por Reformas laborales tanto como por Deshaucios o privatizaciones de lo público, decididas por gobernantes de paso).

Desafortunadamente no es extraño que la reacción levante cabeza en “esta España nuestra”… ¿o quizá suya? La Bestia a pesar de la larga cadena de encubrimientos y disfraces, emerge de tarde en tarde… (y de pronto en pronto) y es comprensible.

La sabiduría del viejo refrán “a perro mordedor, cadena corta” en la España pos franquista nunca fue del gusto del Poder y se obvió desde la muerte del general que “ataba” tanto como robaba.

Así tropieza nuestra historia contemporánea con iniciativas judiciales de fraudulentos “salvadores de la patria” (Manos limpias y la defenestración judicial de Garzón), trato de favor a asesinos fascistas (Hellín), congelación de la aplicación de timoratas leyes de Memoria (paralización de exhumaciones mediante la no dotación de fondos), procelosos recorridos de una judicatura heredera en buena medida de la ideología franquista (anteponiendo la Ley de Amnistía-Punto final a la Justicia Universal)…los etcéteras son abrumadores.

¿No fue el ex comisario Villarejo quien constituyó la primera asociación profesional “democrática” de la policía reclutando para su cargos de dirección a miembros de la fascista Fuerza Nueva y la Brigada Político Social?

¿No siguen siendo legales partidos políticos fascistas de viejo cuño como Falange Española de las JONS?

Sobre ese sustrato putrefacto es comprensible que la Alternativa Sindical de Policía saque pecho y se envalentone.

Y es que, efectivamente, a perro mordedor ¡cadena corta!

La libertad de expresión sigue en peligro y con nostalgia política dirijo la vista al período en que el movimiento feminista se autoinculpaba cuando tenían lugar juicios por aborto…De modo que sí, yo también me sueno con un trapo rojigualda.

1 Comment

  • Carmela

    Aún creo que te has quedado corto, Acacio.
    Yo me siento en plena dictadura otra vez; pero entonces éramos conscientes de ello que ahora la gente se ha dormido en el sueño de la “democracia”.

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