Parques temáticos de la gastronomía ocupan nuestro centro histórico

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Por Diego Izq

Ciudades como Burgos, Salamanca o Toledo, con protección sobre su patrimonio, son un reclamo turístico en ascenso en los últimos años. Las campañas y promociones que sobre estas ciudades y sus monumentos han puesto en marcha las concejalías y patronatos de turismo han incrementado la actividad económica, animando la actividad empresarias de los hoteles y fundamentalmente los bares y restaurantes del casco viejo y tres calles del entorno.

En Burgos, los aledaños de La Catedral y la zona vieja, han visto embellecer sus calles y fachadas, al reclamo de turistas y viajeros. Zonas antes deprimidas, con población envejecida, han renovado pavimento y alumbrado mostrando su mejor cara. Como consecuencia, se ha producido un incremento del precio de la vivienda y la expulsión de vecinos ante los nuevos usos del espacio común. Los procesos de Gentrificación que otras ciudades más grandes han sufrido a principios de siglo se perciben ahora en ciudades de tamaño medio con excelentes perspectivas empresariales, animadas por el turismo cultural y gastronómico promovido desde el sector privado y público.

La “ciudad franquicia” inunda el entorno visual en el centro de las ciudades. Los habitantes tradicionales del centro histórico y aledaños, soportan las oleadas de turistas y viajeros que recorren las calles del centro. Mercadillos medievales, ferias del libro, noches blancas, fiestas patronales, manifestaciones  y un variado elenco de actividades acaparan los espacios comunes atrapando a los vecinos/as en el ocio y la diversión de otros/as. Los comercios de cercanía, ultramarinos, despachos de pan, que facilitaban la vida a los vecinos de zonas peatonalizadas, son fagocitados por los nuevos negocios y terrazas pensadas exclusivamente para el turista.

El viajero de fin de semana busca la esencia de la ciudad, precios moderados, lugares con historia y ese toque de naturalidad y alegría que hace de la “experiencia” algo a compartir. El vecindario exige ser partícipe del desarrollo turístico de las zonas protegidas, y a su vez, proteger los usos vecinales en el barrio es de obligado cumplimiento y autentifica a una ciudad que pretende mostrar y sacar partido al patrimonio de la ciudad.

El 57% de los turistas que viene a Burgos visitan el centro histórico y la catedral, según el Observatorio del Turismo de Burgos, y dedican un 40% de sus gastos a ir de tapas. Esta situación provoca una Burbuja que convierte a las zonas en “parques temáticos” de la gastronomía, sin muchas veces contar con los vecinos.  Las asociaciones de comerciantes pugnan con las asociaciones vecinales por influir en el Ayuntamiento con la ordenación de usos de los espacios públicos y comunes.

Más del 35% de personas que visitan nuestra ciudad lo hacen por recomendaciones de amigos y familiares, y un 32% a través de la búsqueda de información en Internet. Aquí, el papel de los portales temáticos y las páginas web especializadas en ofrecer los datos y alternativas de ocio de manera fácil y amena tienen una importancia vital para decidir al visitante por una y otra ciudad.

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