Entrevista a Isabel Olivar Fraile con motivo del día de la mujer

Por Eduardo Nabal

Isabel Olivar Fraile es Terapeuta Ocupacional e Integradora Social de Palencia. Actualmente realiza el Máster de Educación y Sociedad Inclusivas en la Universidad de Burgos. Su trayectoria laboral está vinculada a la diversidad funcional y desde hace 9 años, a la diversidad funcional psíquica. En la actualidad, investiga sobre la integración sensorial en esquizofrenia. Le interesan, además, los estudios de género y en especial, el empoderamiento de la mujer a través del acceso a la tierra y la autodeterminación.

Olivar Fraile es integrante del Colectivo Transfeminalia de Palencia.

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Hola Isabel. ¿Cómo te gusta llamar al Día de la Mujer? ¿Por qué?

Isabel: Me gusta ese nombre, el Día de la Mujer. Y aunque para algunas personas cada día es el día de la mujer, porque habitamos un cuerpo que nos hace posicionarnos así ante a vida o porque sencillamente nos posicionamos así, independientemente de nuestro cuerpo. Me gusta sentir que también este día, es un día más en mi historia de vida. Me gusta ver las acciones entorno a este día, las líneas que se escriben, los trazos, las performance, las expresiones artísticas… Me gusta porque siempre hay un hueco en este día para las miradas curiosas, esas que descubren que hay un mundo detrás de una acción, que están deseosas tras ello de poner sus pies en el camino de la lucha.

Sin embargo me disgusta ver las acciones vacías, las expresiones en forma de cartel colorista y vistoso, que se caerán de la pared con la racha de vientos del día siguiente y pasarán al olvido. Este es el temor que siempre existe, ¿hasta dónde llegan las palabras, las acciones?, ¿cómo se utilizan como moneda de cambio?

-¿Por qué crees que sigue existiendo esa falta de unidad precisamente en pequeñas localidades donde deberían existir mayor cohesión? ¿Es signo de diversidad o de confrontaciones que no acaban?

Isabel: Quizás la fusión en muchos aspectos implica una pérdida de poder, de espacio y sobretodo una pérdida de identidad. Creo que es importante sentirnos seres diferentes, ricos, únicos, ya que la búsqueda de uno mismo es un proceso muy individual, pero de fortalecimiento grupal.

La persona se pierde entre la masa, es una cuestión de proporción, no de cantidad. El pertenecer a una pequeña localidad, no implica que la mayoría te represente. Sí que creo en los acuerdos de mínimos, de Derechos Humanos, básicos, pero más allá de todo esto, la diversidad y pluralidad son necesarias y enriquecen.

Muchos núcleos, corrientes y fuegos abiertos, también son necesarios para crear una gran masa crítica, una masa de lucha y de cambio.

-El surgimiento de los transfeminimos y las nuevas luchas más allá del feminismo como algo unitario han traído desconfianza pero también nuevo impulso para feministas jóvenes y un espacio más inclusivo ¿Cómo ves tú hoy en día la interseccionalidad de las luchas?

Isabel: La veo necesaria. Si se da este fenómeno es porque se demanda esta especificidad. Porque hay una necesidad de contar la propia historia, de diferenciarse de la norma, de los grupos que engullen. Creo que históricamente ha habido muchos movimientos y grupos que se han desvinculado de otros para buscar su identidad y autonomía, a nivel racial, social, político…

Durante la juventud es normal desvincularse de los estándares sociales para construirse como persona, y si esto se hace desde el transfeminismo, aunque este sea muy diversificado, mucho mejor para que existan grupos críticos y socialmente comprometidos, que se conviertan en los pilares de una nueva generación de cambio.

-¿Cómo en algunos sitios hoy el movimiento LGTB como el movimiento feminista huye de la institucionalización? ¿Cuáles son los senderos de lucha y las sinergias entre los movimientos feministas y por la diversidad sexual, funcional, racial…?

Isabel: Yo no soy la misma mujer que otra mujer emigrante con formación doctoral, parada y con dos hijos, o que una mujer con diversidad funcional, lesbiana y con baja escolarización, ni siquiera soy la misma mujer que la que yo era hace 12 años.

No transitamos los mismos cuerpos, no tenemos las mismas vivencias, el mismo contexto, ni las mismas reivindicaciones. Las políticas de inclusión social a menudo excluyen estas diversidades tan significativas en las personas. No se tienen en cuenta, y se acaba invisibilizando de nuevo a la persona que ya es invisible socialmente.

Hacer políticas abiertas, con procesos y protocolos que no excluyan por dar respuesta a una moda, a una tendencia social, sería importante. Que una persona no tenga que encasillarse o pasar por el aro estrecho de una clasificación (vía de inmigración, de género, de estatus) para pedir una ayuda social o acceder a los mismos beneficios que el resto de la ciudadanía, se debería considerar.

-¿Crees que la verdadera lucha está fuera de los partidos políticos o es posible articular desde estos un feminismo de izquierdas sin quedar en segundo plano?

Creo que la lucha debe estar en todos los estamentos de la sociedad. Una sociedad y una cultura se crean a través de las personas, las escuelas, la familia, el congreso, la universidad, etc. Y se refleja en sus valores y sus fortalezas.

El feminismo y los Transfeminismos se construyen de modos confluentes y no pueden dar la espalda a ningún escenario de la sociedad. No se puede hacer un cambio social si no hay un cambio político. No se puede hacer un cambio social, si no hay un cambio individual.

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