Votación en noche de difuntos

rajoyPor Juan Argelina

¡Feliz noche de difuntos! El muerto está bien vivo, y Rajoy, como Lázaro, ha resucitado gracias a la entrega en sacrificio de un PSOE humillado y reducido a la nada política. ¿Quién se había imaginado que la política era autónoma? La política es mentir, ocultar, desviar el verdadero razonamiento de sus intereses. Siempre fue así mientras los tiempos largos de la estabilidad permitían a los dirigentes permanecer en sus torres de marfil, aferrados a sus cargos vitalicios.

Pero en las crisis, las caretas se sueltan de sus gomas raídas, y sólo los tontos siguen pensando en la inocencia de aquellos que se mantienen en antiguos discursos. Pedro Sánchez acabó por sincerarse, a su manera, tras jugar a marear durante casi dos años en la secretaría general de su partido, entretenido en creerse poderoso, cuando no era más que un muñeco más. Sus declaraciones a Jordi Evole suenan a lamento, con voz quejumbrosa, por no haber dicho, por no haber hecho, por no haberse decidido a… Ya es demasiado tarde, para él y para un PSOE envenenado por la discordia y la “obligación” de cumplir con el imperativo marcado por poderes más pesados que él, de los que nadie habla, a quien nadie ha votado, por los que sufrimos la amarga realidad de la crisis, y que deciden realmente quién se va y quién se queda en el juego político.

Rufián lo expresó sin miedo en el Congreso: “PSOE Iscariote”, “¿no les da vergüenza seguir llamándose socialistas?”, “no les queda de izquierda más que la posición en la que se sientan en esta Cámara”, …

El poder económico, representado por el IBEX 35, ha consumado su plan, y para ello ha llegado a las últimas consecuencias: ya sabían que no saldría bien el delirante pacto PSOE-Ciudadanos. Sólo era un plan dilatorio para dar tiempo a la derecha a reorganizarse, cansar a la ciudadanía, y desgastar al verdadero adversario. No es que Podemos signifique la revolución, puesto que las alternativas reales a este sistema no son por ahora radicales en absoluto, pero sí que representa un peligro para la estabilidad de gran parte de la clase dirigente, que ha visto enriquecido su patrimonio a niveles que no podemos imaginar gracias a una corrupción mucho mayor que la que se nos muestra en televisión.

Los intereses son demasiado grandes, y no hablo sólo a nivel nacional. España es una pieza más en un engranaje financiero internacional, que condiciona totalmente su sistema político. Tuve agrias discusiones con viejos militantes del PSOE acerca del papel que el partido ha tenido en la “seguridad” del sistema durante todos estos años, y cuál era su cometido presente. Estoy harto de oír aquello de los 130 años de historia. El PSOE actual es una construcción artificial creada a partir del Congreso de Suresnes de 1974. ¿”Sangre, sudor y lágrimas vertidas para que gente como el señor Rufián se siente donde está”, según el portavoz sr. Hernando? No.

Esa sangre fue vertida por la izquierda de verdad, un Partido Comunista que luchó junto a otros grupos políticos clandestinos durante la dictadura, mientras el PSOE no era más que una mota de polvo.

Esas lágrimas se derramaron cuando se demostró cómo la fuerza del dinero de la CIA y el SPD alemán se imponían para influir en la estrategia de hacer de la Transición un proceso muy parecido a la vieja restauración del pasado siglo, marcando los tiempos de un turnismo de baja intensidad, tal y como lo hicieron el Partido Conservador canovista y el Liberal de Sagasta durante el reinado de Alfonso XIII. Y, al igual que entonces, ha bastado con una crisis internacional de gran calibre, para fulminarlo.

Ya en aquel momento, la crisis de 1917 provocó los primeros gobiernos de concentración nacional, que a duras penas pudieron mantenerse en medio de protestas generalizadas y una violencia creciente hasta la dictadura de Primo de Rivera. Siempre se puede afirmar que eran otros tiempos, pero lo curioso es que cien años después, ante la consumación práctica de la misma fórmula, adaptada a los nuestros, se acabe de la misma manera. Ya que sería escandaloso hacer un gobierno de coalición PP-PSOE, se ha optado por arrojar a la cara de los ciudadanos una abstención vergonzante,  cuyos efectos prácticos maniatan al segundo partido, y constituyen una alianza “de facto”.
Las cosas se ponen feas. El futuro próximo no sólo es incierto sino alarmante. Mientras los vientos de la guerra resuenan desde Siria, y por aquí se escamotea la información y se hipnotiza a la población con fútbol y “Salvamés” de todo tipo, la crisis se agudizará aún más.

Asistiremos a la ceremonia de aprobación de unos restrictivos presupuestos, con un PSOE colgado del sempiterno discurso “por el bien de España”, actuando como si realizaran un sacrificio supremo. No nos engañemos más. Ya sabemos quienes son amigos y enemigos. Y sólo el miedo puede hacer comprensible que algunos no se den por enterados.

A la noche de difuntos ha seguido un día soleado y despejado. Observo desde mi ventana las estelas de aviones que dejan extrañas figuras en el cielo, que pronto se difuminan y desaparecen. Es como la metáfora de la gran charada que hemos vivido. Un mal sueño del que hemos despertado, mentalmente más ágiles para reconocer y distinguir lo real de lo imaginario, la verdad de la mentira, y recuerdo la magnífica viñeta de El Roto, en la que una figura de Franco emerge del cieno, rodeado de serpientes aduladoras, mientras dice: “Ahora me comprendéis. Yo también quise evitar nuevas elecciones”.

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