Una perra andaluza

Por Eduardo Nabal

Lorca

Los poderes fácticos van a conseguir que el ya de por sí envidioso pueblo español acabe odiando a su querido poeta Federico García Lorca. El poeta, para mi dramaturgo de primera pero poeta, al principio,  algo pastoril, ha tenido la suerte de ser el primero y el último de los autores que se enseñan en los colegios e institutos del que se dice que no le gustaban ni Nueva York ni las mujeres. Sus verdaderas fuentes de inspiración se omiten, como el tuvo que omitirlas en la España no tan liberal de la Segunda República. La izquierda tradicionalista se ha apropiado de su figura mezclándola con la de Miguel Hernández u otros que murieron por la República o fusilados por los franquistas. Pero no sabemos cómo sería visto hoy un poeta amante de los chicos gitanos con algo de señorito andaluz aunque enseguida quisiera llevar el teatro a las clases populares. La gente es muy amable con los muertos. Hasta se conceden becas universitarias para estudiar hasta el último detalle de su vida. Pero en realidad ni unos ni otros le tenían tanto aprecio como dicen. Buñuel lo consideraba, como parte de la opinión pública del momento,   “una perra andaluza” y Dalí, después de un amor tormentoso, se aproximo a los franquistas para vivir más y mejor en su nicho de la catalana derechista.

Es curioso porque cambiando el título del breve corto experimental de los mencionados artistas se pone de relieve el sexismo de nuestra lengua y el rey no sean convierte en reina sino en “perra”.  Ian Gibson y algunos autores más han tenido la osadía de enfrentarse a la Fundación García Lorca que blindó cualquier especulación sobre su sexualidad. Pero la historiografía lo delataba. Es como decir que “no odiaba a la guardia civil” o que no le dio una depresión al ver “los rascacielos de Nueva York” y los hambrientos suburbios de Harlem.

En un país lleno de fosas comunes en las que muchos murieron por sus ideas, otros por su sexualidad, y otros por las dos cosas, buscar los restos de Lorca es marear la perdiz. Sin ir a la raíz del asunto. ¿Por qué no se enseñan otros poetas? ¿Por qué sus obras “oscuras” salen con cuentagotas? Es como la historia de Hollywood a la española. ¿Por qué no se enseña “El público” o “Así pasen cinco años” en las escuelas en vez de poemas inocuos de quien llevó el cántaro a la fuente? ¿Por qué tantos topicazos? Supongo que para enseñar algunas de esas  obras hay que explicar que un niño puede no querer que lo bauticen y más adelante enamorarse de un jugador de rugby y eso es universalmente mal visto. Peor que la bandera Repúblicana de Mariana Pineda, que seguramente lo llevó al paredón. ¿Solo le fallaron sus  “amigos ricos” o no nadie daba un duro por un vocero izquierdista con prestigio? En fin, igual, como dicen tantas leyendas, Lorca se quedó en Nueva York hasta los disturbios de Stonewall. Aunque añorara tanto esa Andalucía suya donde se siguen paseando los señoritos, los caciques, los emigrantes y las parejas de la guardia civil. Algunos todavía dicen por ahí que nació en mal momento, como “todas nosotras”.

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