Nuevas evidencias respecto al 11 de Septiembre

Por Juan Argelina

Torres GemelasLos atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York han marcado sin duda un antes y un después en la Historia contemporánea. El pasado julio el gobierno norteamericano desclasificó el informe secreto sobre la posible implicación del gobierno de Arabia Saudí, donde se acusa incluso a la propia familia real. Tantos años de retraso no hacen sino avivar las sospechas, ahora más que fundadas, de que las guerras de Afganistán e Irak ya estarían planeadas de antemano, y que sólo bastaba una excusa de alto nivel para iniciar un proceso que conduciría a la instauración definitiva del tan cacareado “nuevo orden mundial”, ya expresado por Bush padre tras la desaparición de la Unión Soviética y la primera guerra del Golfo en los noventa, y que no significaba otra cosa que la imposición de la hegemonía de las grandes corporaciones norteamericanas por medio del control del suministro del petróleo “manu militari”.

Si el documento hubiera salido a la luz en su día, nada de eso hubiera ocurrido, y la situación de Oriente Próximo, además de la nuestra, serían bien distintas. Desde el primer momento asistimos a la ceremonia de la confusión. La persistencia de falta de claridad durante todo este tiempo es la evidencia además de la existencia de una guerra psicológica contra la población, azuzada por el recrudecimiento del miedo a un terrorismo rampante, que llega a nuestras puertas y se introduce en la vida cotidiana.

El miedo permite lograr que la gente crea todo lo que se les transmite a través de unos medios de comunicación manipulados hasta la náusea. Es cierto que tendemos a rechazar unas conclusiones demasiado “conspiranoicas” de forma casi instintiva, pero a la vista de los documentos, de la inmensa cantidad de datos revelados por wikileaks, de la trágica realidad de la crisis y la guerra sin fin que padecemos desde entonces, no podemos sino hacer una lectura diferente a la que se nos transmitió en su día, hartos ya de mentiras, como las que sirvieron para invadir trágicamente Irak con la patraña de las armas de destrucción masiva. Lo que está en juego no es sólo nuestra visión de la realidad, sino nuestra propia capacidad de crítica respecto a la procedencia de lo que se nos cuenta. Existió siempre una “niebla informativa” sobre los hechos, y todos nos preguntábamos cómo era posible que periodistas normalmente “objetivos” pudiesen aceptar las condiciones de censura impuestas por el gobierno norteamericano, tanto durante el período inmediatamente posterior a los atentados, como durante las guerras que siguieron, lo que ha supuesto ya una norma sangrante que ha marcado las líneas editoriales de los medios de comunicación en todos los conflictos actuales.

La diplomacia se acabó el 11 de septiembre de 2001, y la realidad de un conflicto abierto global está situada ahora en el punto de mira en un mundo que no acaba de entender lo que está en juego. Se trata de una guerra fundamentalmente económica, además de militar, por los recursos humanos, y a partir de ese crucial acontecimiento, se cruzó la línea hacia el infierno.

La crisis financiera que sucedió después echó más leña al fuego a este proceso de destrucción, y la cadena de hechos que han seguido parece sumergirnos más y más en un abismo sin fin, en el que ya cuestionamos hasta los principios básicos de nuestra civilización. Al cruzar esa frontera, se han hecho visibles claramente las fuerzas económicas y políticas que han influido para crear esta “tormenta perfecta”, que sin duda tiene como objetivo crear las condiciones de un “nuevo mundo”. El 11-S tuvo una enorme carga simbólica. Casi podría decirse que fue como un gran “ritual” globalmente televisado. Esas imágenes han tenido un efecto perturbador en la conciencia de quienes lo vieron, y marcan el inicio de una nueva era. Deberíamos recordar un ejemplo reciente de control de masas, la Alemania nazi, que usaban coreografías rituales de masas, con logotipos e insignias “místicas”, entre otros elementos, para forzar a las personas a tener una mentalidad de colmena.

Las circunstancias en las que ocurrió parecieron elegirse para su reproducción masiva, y para confundirlo en un dramático espectáculo de sacrificio. No voy a entrar a discutir los numerosos trabajos de investigación realizados por numerosos expertos independientes para calibrar los extraños aspectos técnicos del derribo de las torres, pero sí quiero marcar las conexiones, ya especuladas por Michael Moore en su excelente documental “Fahrenheit 9/11” (2004), entre el atentado y sus consecuencias represivas en la legislación norteamericana, junto a la posible connivencia de la élite política y económica con los hechos, habida cuenta de los enormes beneficios que muchos han conseguido con la escalada militar de estos años.

El informe censurado es una prueba de ello. Y ahora, ¿no hay represalias contra Arabia Saudí? El silencio es igualmente perturbador. Especialmente ahora que su gobierno es uno de los actores fundamentales en la tragedia de Siria y Yemen.

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