Manifiesto por un 1º de mayo obrero y combativo

1º de mayo de 2021Este 1º de mayo, a pesar de la pandemia y como consecuencia de la gestión para erradicarla, vemos mayores motivos que nunca para salir a la calle. La diferencia de clases se ha mostrado en toda su crudeza y la pertenencia, o no, a las clases más desfavorecidas puede convertirse en una cuestión de vida o muerte. La exigencia de una sanidad pública y de calidad es, necesariamente, la bandera a enarbolar en estos momentos de imperante privatización. Privatización facilitada por la Ley 15/97 que se hace imprescindible derogar si queremos que la salud sea un derecho alejado del negocio en que se convierte cuando queda en manos privadas.

Nosotras y nosotros, la clase obrera, somos quienes sufrimos en primera línea las consecuencias de esta crisis sanitaria. Dentro de ésta, las mujeres, nos llevamos la peor parte a pesar, o como resultado, de nuestra imprescindible labor desarrollada durante la pandemia en sectores esenciales como limpieza, alimentación, enseñanza o salud y de todas las tareas de cuidados y conciliación que, socialmente, se malinterpreta que hemos de asumir por el solo hecho de ser mujeres. La situación actual se vuelve especialmente dramática para las mujeres migrantes, con un mayor riesgo de ser víctimas de explotación y abusos por razón de género. Y es que vemos cómo la crisis de la COVID19 se ceba en mayor medida y con más ahínco en los colectivos y las personas que, ya anteriormente, eran más vulnerables.

Respecto a la precariedad laboral, de nada servirán modificaciones puntuales a las Reformas Laborales de las eras Zapatero-Rajoy. Es necesario derogarlas al completo para evitar abusos como los despidos masivos una vez finalizados los ERTE de la pandemia, las indemnizaciones de miseria en caso de despido, el incremento galopante de la temporalidad, el desmantelamiento de la negociación colectiva, la falta de supervisión por parte de la autoridad laboral en caso de Expedientes de Regulación de Empleo, así como la rebaja en cuanto a sus requisitos.

Ha pasado un año para que quedase patente que este gobierno ha cedido, finalmente, a las presiones patronales, con el inestimable aquietamiento del sindicalismo institucional, dejando la expectativa de unas relaciones laborales más justas y adecuadas en eso: un anuncio.

Otro de los olvidados compromisos del Gobierno ha sido la supresión de la ley mordaza. Lejos de anularla, el Estado, a través de la judicatura, se ha dedicado a endurecer su campaña contra la libertad de expresión. Y si bien la excusa de la pandemia le permite el uso de unos métodos dictatoriales, amplía su radio de acción al respecto intentando anular la expresión cultural en la medida que esta se manifieste lúcida y crítica ante el sistema. No dudando en condenar y encarcelar, en estas últimas semanas, a quien mantenga una postura, un canto y una opinión que le incomode. Todo un despropósito que destapa el verdadero carácter que prevalece en el poder judicial.

A esta ecuación de capitalismo hemos de sumar el auge del fascismo y la extrema derecha. En todas partes podemos ver los ejemplos de la irracionalidad y el odio en, por ejemplo, los ataques a murales y pancartas feministas del pasado 8 de marzo, o la rotura de cristales y la realización de pintadas fundamentalistas en centros sociales.

En materia de progreso social en la ciudad, poco o nada vamos a esperar de un Ayuntamiento empeñado en continuar, de forma invariable, la senda de los gobiernos reaccionarios de las últimas décadas. A pesar del supuesto cambio progresista habido en 2019, el Ayuntamiento ha emprendido una campaña de sanciones y multas de marcado carácter antisocial. Sancionando y multando por pegar carteles del 1º de mayo y del 8 de Marzo. O exigiendo el pago de unas tasas por ejercer el derecho básico, hasta ahora gratuito, de manifestación. Que se lo digan a la Coordinadora de pensionistas de Burgos, entre otros colectivos, que han sufrido ya, este año, la exigencia del abono de unas tasas en virtud de una ordenanza municipal.

La solidaridad de clase, por tanto, se ha de afianzar con más fuerza que nunca ante un panorama que, si bien se muestra sombrío, abre los ojos a gran parte de la sociedad sobre lo que ocurre en el panorama social. Y abre, también, nuevas posibilidades para recuperar la necesaria energía, combatividad y dinamismo que la clase obrera nunca debió perder.

Por CGT Burgos

CNT Burgos

Movimiento libertario 

 

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