“Los dos oídos de Cuba”

Mujeres cubanas jugando al dominó en Trinidad. Foto de archivo

Por Eduardo Nabal

“Ella viene de una Isla que quiso construir el paraíso”

 Zoe Valdés “La nada cotidiana”

No sabía si alguien esperaba esto o se lo temía. Ni sabía si merecía la pena escribirlo. Ni sé si verá la luz donde quiero que salga. Si quieren una descripción gráfica de “por un oído me entra y por otro me sale”, dicho bruscamente,  se me ocurre, entre otras muchas imágenes, a un gay o lesbiana, o prostituta, o un disidente  etc de izquierdas hablándole a un macho o salvapatrias  (en versión masculina o femenina)  cerril y  fetichista de izquierdas de las tropelías cometidas por el régimen de Fidel, que no es solo Fidel por favor, contra las ¿minorías?

Al final las que mejor vivían en Cuba resultaron ser minorías y no precisamente aquellas que se lanzaron a una revolución socialista o no las de entonces, retiradas salvo los heroes y los santos.

Cuando se trata de sidatorios, campos de exterminio, juicios sumarísimos, pobreza disimulada,  de pronto los horrores se convierten errores. Y con esa retórica, con la que también se hará la Rusia capitalista y neonazi de Putin, no se construye nada bueno, aunque sea, en este caso diferente, y aunque sea  duradero. Que las cosas han cambiado en ese sentido, que son cosas del pasado.

Es muy posible, casi indudable. Pero reconocer los logros y las buenas intenciones no supone olvidar no solo a Reinaldo, Severo, Virgilio, Zoe, Nelson, Humberto, Wendy que estuvieron con una revolución que, en el mejor de los casos, les dio la espalda. Si no sobre todo por aquellas y aquellos que no podemos nombrar, que no alcanzaron un nombre, que murieron el en el olvido, el estigma y el anonimato.

Que no obtuvieron fama para sobrevivir al confinamiento o el ostracismo. Como los que recoge el libro “Toda esa gente solitaria”, escrito en un taller literario del “Sanatorio” para enfermos de Sida de Villa de los Cocos. Sidatorio, cárcel de lujo, pero cárcel al fin y al cabo.

De eufemismos va el asunto. Podemos hacer todos los matices que queramos. Pero por todas ellas merecía intentarlo incluso hoy, cuando los dos oídos están tapados por la nostalgia. No parece que la cosa vaya a cambiar mucho en el régimen, aunque Cuba ya no es la de entonces.

Continuarán los avances conseguidos por “Fresa y chocolate”,  el CENEX impulsado por Mariela Castro, los cambios de costumbres sociales, pero nadie olvida que el género del guerrero, como los millones del PP, ha quedado intacto: una extraña virilidad mirando al cielo patrio y al hombre nuevo hacedor de la historia. Como, parece ser, continuará la hostilidad estadounidense y sus secuaces. Sé que nuestro desprecio hubiera sido lo mejor y no me alegro de la muerte de nadie. Esa muerte que deseaba Reinaldo Arenas en su iracunda autobiografía.

Pero el simbolismo de la Cuba de Fidel no es tanto de las muchas cosas que hizo bien en el campo sanitario y educativo y las que hizo mal en el amiguismo y la arrogancia a costa del sufrimiento de su pueblo , de su buen y mal ejemplo, de los logros y los quebrantes. Si no, ante todo, también tenemos que hablar de puestos a dedo, de libros secuestrados,  de una palabra negada, de una voz cien veces desoída, de tardías concesiones, de exilios interiores y exteriores,  de batallas más pequeñas que, en todos los frentes políticos, parecen todavía estar empezando y, por eso, parecen pequeñas.

Pequeñas como Cuba al lado del gigante del Imperio, liderado ahora además por un fascista dispuesto a cerrar nuevamente las puertas al diálogo, a continuar el bloqueo . Ese diálogo que también ustedes, han negado, a los suyos.

 

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