Las brechas de la tele-educación en Castilla y León

Cartas de los Lectores

Soy Óscar, maestro de educación infantil y primaria. Soy interino y este año soy tutor de un grupo de 1º de Primaria en un Colegio Público de Burgos.

En mis palabras encontraréis mucha frustración y enfado, sobre todo después de leer las instrucciones para la tercera evaluación emitidas por la Consejería de Educación de la Junta de CyL, pero también agradecimiento y orgullo hacia mis compañer@s,  mi alumnado, sus familias y la mía propia.  No tienen más pretensión que ser compartidas con vosotr@s.

Mucho se ha hablado ya de la brecha digital, pero al parecer nuestras autoridades educativas siguen pensando que las familias tienen certificación TICA5 y que sus casas, y las nuestras, son una especie de Mediamark. No voy a extenderme mucho describiendo las brechas digitales existentes en cada uno de estos hogares. En las realidades con las que tenemos contacto me he encontrado con  madres desesperadas por acceder a tareas desde un teléfono móvil, acceso limitado a Internet mediante datos que se agotan, petición de favores o salidas casi clandestinas para poder imprimir los trabajos propuestos para unos niños cuya edad y competencia nos obliga a trabajar con ellos a través del lápiz y el papel…

Podría continuar con las dificultades añadidas de la falta de comprensión de nuestro idioma por parte de familias que acaban de llegar de otro país o de la falta de conocimientos de muchas de ellas para trabajar telemáticamente. Da igual la equidad y el derecho a la educación de todas las personas, sólo funcionan cuando se emplean en discursos huecos para el autobombo.

Llevamos años escuchando cómo intentan convencernos de la necesidad de certificaciones TICA  y de otras pseudopanaceas que la tozuda realidad de esta emergencia ha demostrado si no falsas, bastante ineficaces. Salvando muchas distancias, no puedo evitar el símil con el trabajo de l@s sanitari@s. El mundo de la sanidad afronta el colapso y la falta de medios como puede, mientras que aquellos que suprimían camas de hospital y privatizaban recursos básicos se echan las manos a la cabeza o siguen defendiendo modelos que han intensificado la tragedia. Pues bien, los modelos y políticas educativas de estos últimos años también tienen consecuencias muy negativas dentro y fuera de un estado de emergencia.

Lo peor de todo es que después de leer las instrucciones de la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León entiendo que han decidido continuar alejados de estas realidades y seguir persistiendo en los mismos errores y horrores. Supongo que les guían intereses de diversa índole como resolver sus cuitas de partido con el gobierno central. O tal vez su mayor preocupación sea cubrirse las espaldas ante futuras situaciones de dudosa legalidad. En cualquier caso nada tienen que ver con las preocupaciones y vidas  del profesorado, alumnado, madres y padres. Nada deberían temer si se acercaran a estas realidades de forma honesta. Y respecto a las disputas partidistas, pueden retarse en duelos al amanecer, siempre que respeten nuestras vidas y situaciones personales.

Y, en cuanto a  nuestra labor docente, supongo que tienen derecho a la intromisión como autoridades educativas pero que sepan que con sus directrices no nos ayudan, al contrario son obstáculos continuos en el desarrollo de nuestra misión. Basten como ejemplo las exigencias para adaptar programaciones para un mes y medio de curso que falta o la de diseñar fórmulas de evaluación a distancia, restando todo este tiempo de nuestras vidas privadas y de la labor que realizamos directamente con cada uno de nuestr@s alumn@s. Al parecer ahora están preocupados porque nuestr@s chic@s  adquieran competencias básicas. Competencia. Cuanta ironía encerrada en un solo término.

El documento elaborado por la Junta es una mezcla de desvarío y falta de concreción y que, como tantas cosas, solo puede rodar  hacia abajo. Y a lo largo del recorrido las instrucciones se transforman en grandes bolas y presiones.  Presiones que comienzan en los equipos directivos, continúan con el profesorado que forma los claustros y pretenden finalizar en exigencias a familias cuyo suelo vital se ha movido como en un terremoto y que ya viven con demasiadas  preocupaciones. Y es en este último punto del camino donde la administración vuelve a intentar cavar una trinchera entre padres y profes. Y aquí es donde algunos nos plantamos.  Porque no lo olvidemos que también l@s maestr@s tenemos familia e hijos. Porque en mi caso las familias han sido y son mis grandes aliadas y siempre que he solicitado ayuda o colaboración han estado ahí. Por desgracia no puedo decir lo mismo de los responsables educativos de mi comunidad autónoma.

Desde que empezó el confinamiento calculo que la mayoría de los días invierto una media de 9 o 10 horas diarias para diseñar tareas, revisarlas y, sobre todo, para comunicarme con las familias de mis alumn@s. Por teléfono, correos o mensajes de texto intento resolver dudas sobre contenidos, ayudarles en la forma de proceder a la hora de presentar los aprendizajes a sus hijos, guiarles para acceder a un correo o una herramienta digital, pero, sobre todo, quiero saber cómo están, qué problemas y carencias tienen y si puedo ayudarles de alguna manera. Que nadie se lleve a engaño, a pesar del esfuerzo que conlleva y del tiempo dedicado, estoy encantado de poder hacerlo y quiero seguir haciéndolo no solo por responsabilidad profesional sino principalmente por el cariño y empatía que siento hacia mis alumn@s  y sus familias. Este cariño no surge de la nada. La cooperación que estoy encontrando en estas madres y padres constituye la mayor ayuda que tengo para poder desarrollar mi trabajo. Ellas son mis grandes cómplices en esta crisis y nunca podré agradecerles el esfuerzo dedicado y el apoyo recibido.

Fruto de estas conversaciones he conseguido dibujar una realidad compleja que va mucho más allá de la brecha digital y, por supuesto, de la visión de nuestras autoridades educativas. Me he encontrado con familias que han perdido su puesto de trabajo, que muestran su angustia porque la ausencia de comedor no garantiza una alimentación adecuada de sus hij@s, a quienes se les había concedido una beca.  Niños confinados con abuelos en pueblos, porque sus madres salen de trabajar en hospitales, residencias de ancianos o fábricas y, además de no tener otras personas con quién dejarles, temen contagiar a sus familiares.  Padres e hijos contagiados por COVID y aislados en habitaciones separadas de una misma casa… Pero, bueno, según las instrucciones que acabamos de recibir de la Junta de Castilla y León lo importante es cerciorarnos de que el alumnado está realizando sus tareas, exigir que nos las envíen como sea y, sobre todo, insistir en los mecanismos telemáticos que garanticen la evaluación de sus competencias. De la competencia de nuestras autoridades educativas… Bueno, ya si eso tal.

En comparación con algunas de las situaciones que he descrito, he de decir que me siento afortunado. Tengo salud, un sueldo y acceso a equipos para trabajar telemáticamente. De hecho, no he tenido, ni tengo, ningún problema en ponerlos a disposición de una mejor comunicación y facilitar los aprendizajes de mi alumnado. Sin embargo, hay problemáticas que una vez más no se están teniendo en cuenta. ¿Qué pasa cuando en un hogar, como el mío, hay más de un docente y un niño que también tiene que hacer tareas? Es, entonces, cuando todo se complica. Turnos para usar el ordenador, atender a nuestro hijo, equipos que se “petan” por la avalancha de tareas o propuestas  que nos llegan…Y, aun así, hacemos lo posible por seguir comunicándonos con nuestro alumnado a la hora que sea y por todos los medios. No nos hacen falta instrucciones que nos recuerden cómo hacer nuestro trabajo.

Las madres y padres de mis alumnos tienen mi aquiescencia para llamarme o contactar conmigo cuándo y cómo quieran. Estas comunicaciones pueden comenzar a las 9 de la mañana y a veces terminar a las 11 de la noche o el domingo a mediodía. Porque  hay trabajos, cuidados y situaciones de emergencia que no pueden estar sujetos a un horario y, en la medida de mis posibilidades, voy a intentar ayudar a estas personas en sus heroicidades cotidianas. Y, aunque algunos no se lo crean, son bastante respetuosas con mis días y tiempos de descanso, y también se preocupan por mi familia y por saber cómo me encuentro. 

Una vez más no puedo decir lo mismo de algunos de nuestros  superiores. Y, de hecho, no tienen mi consentimiento para contar con mis recursos personales (conexión a Internet, ordenador, teléfono móvil…) o para importunarme durante mis vacaciones, empezando por la mala costumbre que tiene la Consejería de enviarnos nuevas directrices los viernes por la tarde, justo cuando empieza nuestro periodo de descanso. Directrices que suelen contradecirse al cabo de unos días, pero que desbaratan el trabajo y los planes que hemos diseñado a lo largo de semanas.

Sin embargo, lo realmente irritante es que desde la Consejería de Educación  y la Dirección Provincial se da por hecho que nuestras vidas y recursos personales están a su disposición cuando y como ellos deciden. Supongo que podría negarme a trabajar desde mi teléfono u ordenador personal, ya que en todo caso deberían ser nuestros empleadores los que nos proporcionasen estas herramientas. No tengo tiempo para investigar si en mi contrato se me exige disponer de equipos de última generación y contratos de Internet de alta velocidad. Sospecho que no. No pretendo dar batalla con este asunto, pero sí señalar que en algunos casos tenemos compañer@s que, además de contrataciones precarias, tienen que poner al servicio de la Administración sus propios y escasos recursos. 

Por último, todos tenemos constancia de compañer@s que estando enfermos continúan trabajando y atendiendo a sus alumn@s, y es que en estos tiempos hasta las bajas son virtuales y no se están cubriendo. Vemos a compañer@s que enfrentan la enfermedad de padres, hijos y seres queridos sin dejar de estar pendientes de la situación de sus clases. Y es que una vez más nuestras autoridades se aprovechan de nuestro sentido de la responsabilidad para llevar a cabo actuaciones injustas y atropellar nuestros derechos y los de nuestros seres queridos.

Vaya para tod@s est@s compañer@s mi abrazo y para las autoridades educativas la exigencia de respeto por nuestras vidas y labores educativas. Quizás la brecha que más nos debe preocupar es la que debemos hacer en ciertos muros.

Óscar de la Torre. Maestro y afiliado al sindicato CGT

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