Geopolítica para principiantes. Bajo el imperio de Trump

Por Eduardo Nabal

Uno se empieza a cansar de que ciertos internacionalistas (particularmente los por estos lares, aunque no únicamente) le den lecciones de geopolítica para principiantes a propósito de asuntos como Donald Trump y la política de EEUU como creyendo saberlo todo sobre casi todo… Esos que de tanto saber y, sobre todo, de “tanto ser” no son nadie.

Pues esos y también gente de otros lugares se pone a aleccionarnos porque nos escandalizamos de que Trump gobierne EEUU y, de cierto modo, la capital del Imperio. . ¿Cómo si fuera mejor la otra? Es el tipo de respuesta, así grosso modo. Obviamente, se refieren a la política exterior continuista, cruel y genocida de EEUU en el exterior de su rival, al intervencionismo e incluso a que, ni siquiera bajo el mandato de un presidente negro, ha descendido un ápice la violencia racial en algunos estados de EEUU, llegando incluso a aumentar en escaladas de violencia policial llena de ideología .

Estamos hablando de una zona muy grande, con pobres y ricos, que da a dos océanos distintos, con gente que viene de muchos sitios y otros/as que se van o los echan. Otros mueren atrapados en sus cárceles fronterizas (esas que también existen aquí), en centros de detención y que exportan tortura. No necesitamos que nadie nos recuerde los colmillos de Hillary en Oriente Medio ni la mala uva de sus antecesores, la irritante pasividad de Obama en cuestiones que vienen de antiguo etc., etc. También sabemos que, aunque pocos y superficiales, ha habido avances con este último en cuestiones como las relaciones con Cuba etc.

Han sido avances superfluos y los sabemos. No hemos nacido ayer. Pero para el colectivo LGTB, o un sector del mismo, como para muchos otros grupos, lo simbólico tiene una gran importancia. Y cuando alguien que se ampara en Dios o la Biblia para “mandarnos al infierno”, imita públicamente – para ganar votos- a gente discapacitada o siembra a diestro y siniestro el odio hacia los extranjeros de toda índole aprovechándose del descontento del pueblo (a lo Hitler) no nos parece, menos aún tiempos que corren, un ejemplo a seguir, sino a no seguir. Lo que no quiere decir, ni de muy lejos, que hubiéramos votado a Clinton, y no lo voy a repetir más veces.

El fondo del asunto es que exista hoy más que nunca una ola de antintelectualismo cutre y arrogante que puede llevarnos por ejemplo, al pueblo español, a votar sin pudor a uno de los gobiernos más corruptos de su historia, o a, en el interior de una Europa atemorizada, a hacer que florezcan las ideologías de extrema derecha como respuesta al fracaso de las reformas sociales. No creo que como ha llegado a afirmar Gloria Steneim, feminista histórica, EEUU no esté preparado para “tener una presidenta mujer”. El problema es otro.

Tenemos políticas sanguinarias en todo el planeta (empezando por aquí cerquita, en la Europa de la Troika), y Hillary ya no escaparía a la galería. El problema es que no solo se siembra ignorancia sino que además se quieren recoger sus frutos y venderlos a alto coste. La cultura ni el arte, está bien demostrado, no nos han salvado de la barbarie pero los enemigos de la cultura y el arte si han estado, por lo general, muy cerca de las barbaries.

No me importa que me llamen elitista si digo que ni el yudo de Vladimir Putin ni el rugby de Trump para mí, como, para la para mi “nada admirada”, Meryl Streep, no son arte, no lo como el cine o el teatro. Porque decir, en un país, como España, donde el futbol mueve millones y es más importante que unos resultados electorales que lo de que el “deporte rey” es cosa de gente humilde no cuela ni de broma. Más bien empieza a ser una peligrosa arma de destrucción mental masiva para que en los lugares de trabajo no se hable de política sino de Messi o Cristinano Ronaldo.

No se hable de huelgas sino de semifinales, ya que los dioses ganan balones de oro. En EEUU reinan otros deportes pero tampoco son cosas de gente humilde en su mayoría, el asunto es todavía más espinoso. Hoy día los Oscars ya no son aquella fiesta grandilocuente (hortera siempre y desde siempre, sin duda) que fue en los años sesenta o setenta cuando una película de Jack Nicholson podía conseguir incluso que se redujera el uso de esa bestialidad vigente aún en el estado español llamada “electroshock” y usada hasta hace muy poco con fines ideológicos, sociológicos y homofóbicos, entre otros. En cualquier caso, poca gente sigue ya las películas “de autor” o “con mensaje” salvo si son muy célebres, tienen muchos efectos especiales o salen grandes estrellas. Es posible que hasta las series de televisión sean, hoy por hoy, mucho más populares y tengan más seguidores.

No voy a entrar en comparaciones baladíes ni entrar en gustos pero si el pueblo español leyera esa historia secuestrada por los ganadores de la Guerra Civil, si se abrieran (que ya va siendo hora) las fosas del franquismo y la memoria, incluso si conociéramos un poco mejor la penosa historia de la lucha por los derechos civiles en los mismos EEUU durante muchas décadas (empezando por los indios nativos que eran los malos en las películas que gustaban a Trump) determinadas afirmaciones se matizarían por aquellos que hoy nos dan o quieren darnos lecciones magistrales de política. Gente que vistos de cerca cada vez son más sospechosos de aquello que critican.

Millonarios de estirpe e ignorantes como Trump, o, aspirantes a, esclavos esperando un látigo (municipal o universitario) en la mano, aquí mismo, en la capital de “la cruzada”.

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