El 28A en Castilla y León

Por Acacio Puig

Derecha social mayoritaria.  Centro socialista, crece y “gana”. La  izquierda, necesita mejorar.

Castilla y León forma parte señera de la España Vaciada y en ella, las históricas políticas conservadoras –que vienen de muy atrás- han sido responsables de la pérdida de población,  el subdesarrollo de la conciencia política y el fundamento de la hegemonía del PP durante los últimos 31 años.

 Las  encuestas de población previas a las elecciones del 28-A registraban  20.000 habitantes menos en la comunidad, cifra que  venía a completar la pérdida de otros casi 72.000 medidos en el verano de 2018 al tomar como referencia  el censo del año 2001. (1) Norte de Castilla  26.06.18

Se trata pues de una región con altísimo índice de emigración a otras comunidades y a la UE,  con un paro elevado, precariedad crónica, baja natalidad, envejecimiento… y región -por todo ello-  que sigue siendo importante  granero tradicional de la derecha. Una comunidad en la que el lento avance de la marea de pensionistas, el feminismo militante y el memorialismo histórico activo (junto a otras movilizaciones en defensa de la sanidad, la escuela pública y el ferrocarril) no palían aún los bajos niveles de organización estable sindical, social y política. Y recordemos, una región tan despoblada que se apresura a demandar subsidios especiales y urgentes a la Unión Europea, iniciativa de la que la clase política espera esencialmente lograr réditos (y si no estamos alerta…”mordidas”)

En el terreno institucional, los resultados en 2016 arrojaban como balance un PP hegemónico que dobló en escaños al Congreso al PSOE (18 a 9) y en el que los magros resultados de la izquierda, se concentraban en tres diputados logrados en León, Valladolid y Burgos. En ese sentido, el desplazamiento acontecido el 28-A “colorea en centrista-PSOE”, la exportación de diputados a Cortes desde Castilla y León que elegía a 31.

Lo anterior explica las dificultades electorales de la izquierda social aquí, que como situábamos en un artículo anterior (2) Nosotros los rojos, rehenes electorales en Castilla y León desviaba un voto que las “condiciones objetivas” mantenían en cautiverio pragmático y forzaban “al voto utilitario”; esa era la vía para lograr un paisaje institucional lo menos desfavorable a la organización y la lucha social. Y esa ha sido la apuesta bastante mayoritaria de la izquierda social y del centro, apuesta que ha permitido el desplazamiento al menos institucional, de las tres derechas  en beneficio del único centro realmente existente, el encarnado por un PSOE ciertamente social liberal y  constitucionalista-monárquico.

En Castilla y León el espectro del tripartito andaluz ha estimulado la participación de la izquierda, también  de la izquierda ideológicamente abstencionista (en la noche electoral se cifraba esa participación en torno a un 75%) y en este caso,  la concentración de voto (relativa, pero real) ha funcionado. Cierto que la otra parte de ese logro la puso la pelea de gallitos de la derecha -PP, C’s, Vox- y las discutibles “delicias” del tramado electoral (ley d’Hont y circunscripciones provinciales) que esta vez han favorecido a la socialdemocracia, pero que no excluyen sino que requieren impulsar una amplia visión regeneradora de la ley electoral tanto como los dogmas propios de la religión constitucional de modo que se  abra  paso al “Derecho a Decidir sobre todo”. (En ese ámbito, los avances en Catalunya y Euzkalherría abren un esperanzador camino)

Sin ánimo de enfriar entusiasmos, no olvidemos que el desplazamiento institucional de las derechas, expresa mucho más el sensato recurso al freno de emergencia -para evitar una regresión mayor a pardos paisajes-  que una adhesión entusiasta al centrismo socialdemócrata… porque los sectores sociales activos –los que dinamizan-  esperan respuestas a las necesidades pendientes en esta castigada región y no discursos ni piruetas dialécticas.

En cualquier caso, la derecha social dispersa en esta España profunda, entrega más de 800.000 votos a PP, C’s y Vox (aunque crece apenas en diez mil efectivos respecto a 2016 y probablemente,  toca techo) mientras que los apoyos a  socialdemócratas y Unidas Podemos  se incrementan en 50.000 apoyos respecto a  2016, pero solo quedan algo por encima de los seiscientos diez mil apoyos obtenidos el 28.04.19: ¡no hay pues laureles sobre los que dormitar!

En el caso esa derecha tripartita (imposible caracterizar a la gente de Rivera como “centristas-liberales”) en la comunidad se ha producido una mera redistribución de voto (si consideramos también la desaparición de las candidaturas de UPyD y falangistas). Aunque el peligro reaccionario acecha y se radicaliza.

En el caso de la izquierda (y nos referimos a Unidas Podemos) decíamos que “necesita mejorar”. La dinámica regional de estos cuatro años pasados hacía preveer que concluido el ciclo de “las ilusiones-ilusionantes” tanto IU como Podemos (y  aliados) lo iban a tener crudo y así ha sido. Perder 70.000 apoyos en Castilla y León es muchísimo, pero explicaciones…¡ las hay!. Porque no basta con ser independientes de la financiación bancaria, ni salir de vez en cuando a la palestra mediática -y poner algún punto sobre las íes- y tampoco basta con ser sensatos y “arbitrar” como hizo Iglesias los alborotados  e infantiles debates televisivos habidos en vísperas del 28-A (que daban mucha vergüenza ajena, sinceramente).

Creo que desde 2016 muchos de los votantes de Unidos Podemos preveíamos lo que ha ocurrido. En primer lugar sabíamos que  faltaba la construcción unitaria de organizaciones locales de base, con capacidad de acción y propuesta: eso no estaba desgraciadamente en la agenda de “las máquinas electorales” y no lo palía la modesta reaparición militante cuando hay que volver a pegar carteles y designar candidatos. Sus ausencias en la organización e impulso de la movilización social han sido tremendas y en prácticamente todos los frentes sociales castellano-leoneses… salvo en las contadas ocasiones en que “había foto”.

Además, el cainismo hacia supuestos adversarios, las denuncias en prensa de compañerxs, y la retórica vacía sobre “nuevas formas de hacer política” o el “no somos de derecha ni izquierda”, han dibujado un encefalograma político de parálisis casi permanente y corroído la base social militante del proyecto Unidas Podemos en muchas ciudades de Castilla y León.

Si añadimos los desafueros sectarios de las direcciones nacionales tenemos la radiografía casi completa de un ascenso y caída que necesita renovar todas  las herramientas de la escalada a la montaña. Porque el asunto, es que lo que sirve a la derecha y al centro (que se cohesionan con otras argamasas) no sirve a la izquierda transformadora para hacer política.

Porque solo el engarce permanente de la acción social e institucional, el pensamiento plural, el respeto y la fusión de pensamiento crítico y solidaridad (nacional e internacional) constituyen las señas de identidad  de la necesaria Alternativa… frente a “los bocazas” de toda índole.

Los Datos
  1. Norte de Castilla 06.18
  2. Nosotros los rojos, rehenes electorales en Castilla y León

1 Comment

  • acacio puig

    Gracias por ayudarme con la publicación a animar un debate necesario.
    Por cierto que se perdió la última línea después de «los Datos» y que es:

    «¿Y los datos?…pues los datos están en prensa, queridos compañerxs».
    Salud y Amistad. Acacio.

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