Burgos rinde homenaje a Marcos Ana en el teatro Clunia

Por Burgos Dijital
Marcos Ana dejó su vida como ejemplo. Su dignidad, su resistencia como forma de afrontar los problemas.
Fernando Macarro Castillo, hijo de Marcos Macarro y Ana Castillo de los que tomó su nombre. Hijo de jornalero, se rebeló como tantos ante el golpe de Estado de 1936. Un año después, con 35, moría su padre a causa de los bombardeos de los nazis.
Cuando acabó la guerra fue acusado de cuatro crímenes. El tiempo dejó claro que no fue más que una difamación sin fundamento.
No asesinó al sacerdote Marcial Plaza y a su padre José Plaza. En las propias fuentes franquistas se citan otros nombres. Ni al cartero Amadeo Martín Acuña. ¿Pero cómo pudo haber ocurrido eso si ese 3 de septiembre de 1936 estaba en la Cruz Roja con heridas? También dijeron que asesinó al labrador Augusto Rosado Fernández sin caer en la cuenta que ese 30 de julio de 1936 estaba con el Batallón Libertad en otro lugar. Estas cosas de las que le acusaron, las que decían y aún siguen diciendo, está demostrado que eran falsas. Sin embargo, aquella justicia al revés del franquismo no se molestaba en comprobar las cosas.
Detenido, torturado, juzgado y condenado a la pena de muerte. Por suerte el régimen consideró que cuando se produjeron los hechos eras menor de edad y tu pena fue conmutada por la inmediatamente inferior: 30 años.
Fueron 23. Otros compañeros no lo contaron. Fueron fusilados. Su delito sólo fue, en realidad, ser socialistas, anarquistas, comunistas, republicanos. El ambiente hostil, lúgubre, de represión, de tristeza de la cárcel fue su “universidad”. Allí aprendió, leyó, se hizo poeta, combatió. Y allí tomó el sobrenombre de Marcos Ana: Marcos por su padre; Ana por su madre.
En la cárcel conoció la verdadera solidaridad. Entre los compañeros, entre los presos. Escribió, hizo teatro. Pero también se enfrentó a sus verdugos.
Tuvieron que pasar 23 años para recobrar la libertad. Libertad relativa, porque aquel 17 de noviembre de 1961, España seguía siendo una cárcel. Por eso se exilió. Siguió trabajando a favor de los presos del franquismo. Defendió a Grimau, a Granado y Delgado, a Puig Antich y a tantos otros. Se hizo gran amigo de Neruda, de Alberti, de María Teresa León. También conoció a Vida Sender, con la que tuvo a su hijo Marcos.
Pero si algo tiene un luchador, es que nunca ceja en su empeño. Murió Franco y volvió para seguir luchando. Por la justicia, la dignidad y la libertad. Porque no dudó en ponerse en cabeza de manifestaciones por las causas justas. Nunca se calló en 96 años de vida. Criticó las cosas negativas. Luchó por la memoria. Veía la verdad en los que luchaban, como lo hizo toda la vida y demostró que la dignidad está por encima de cualquier cosa.
Aún quedan algunas cosas por las que luchó que todavía no se han logrado. Entre otras, hay que lograr que esos juicios del franquismo, realizados bajo aberraciones jurídicas, sean declarados ilegales para que gente como él sea realmente inocente. Los historiadores, o algunos de ellos, han desmentido muchas acusaciones, pero queda mucho por hacer.
Marcos Ana se dejó la piel por una sociedad distinta y por suerte lo pudo llegar a contar y siguió en la lucha. Los que no pudieron, gente como Marcos nos habló de ellos. Nos queda su legado y nos queda su obra. Nos queda su dignidad y nos queda su pasión por la libertad. Nos queda, en definitiva, lo que ha sido Marcos Ana.
Tal vez te sigas preguntando quién fue. Él, que nos dijo que para la lucha había nacido, fue un hombre sencillo, normal, como lo puedes ser tú, pero al que la vida puso en algunas situaciones difíciles. Durante varios años condenado a muerte. Hijo de la solidaridad, de la que decía que no es solo una palabra hermosa, sino una actitud ante la injusticia. A ella le debo la libertad y la vida, escribió.
Viendo cómo nos son arrancadas algunas de aquellas libertades que tantas y tantas vidas costaron, nos instó a no permitir que el sistema hundiera sus uñas en nuestras vidas y amenazara nuestra libertad.
En la prisión de Burgos, «La Universidad», como le gustaba llamarla a Marcos Ana, realizó en 1960, junto con otros presos, un homenaje a Miguel Hernández, casi mudo, clandestino, «A voz ahogada». Hoy le rendimos homenaje a él, a voz en grito, que se escuche claro, que se escuche lejos, «A voz no ahogada».
Burgos Dijital colabora en el homenaje que se le rendirá el viernes 20 de enero a las 19:00 en el Teatro Clunia y que será presentado por Juan Vallejo y Diego Izquierdo. En él intervendrán, entre otros artistasAmanda Zavanelli, danzaora; Maricarmen Galli, pianista; Ehsan Saleh, percusión; María Sedano, cantante; Mariano Mangas, guitarrista; Isaac Marcos Martín, guitarrista; Pablo Viana, violinista;  Judith Pérez, cantautora; Uxía, música; Ricardo Metola, poeta; y Conrado Santamaría, poeta.
Asimismo se proyectarán los vídeosMarcos Ana” (documental de Guión 13) y “Testimonio de Marcos Ana en el 50 aniversario de Amnistía Internacional” y se realizarán dos breves representaciones teatrales a cargo de Asociación Cultural Denuncia” y “Teatro bajo la arena“, con la obra titulada “Manual de fuga” de Enrique Sadornil e interpretada por el mismo y Basilio Villacorta.
Por último, decir que se leerán textos exclusivos de Mirta Núñez, Lidia Falcón, Nicolás Sánchez-Albornoz, y Juan Vallejo, y se procederá a una lectura de poemas de Marcos Ana por parte de Lourdes Martín, Mar Martín Búrdalo, Eva de Ara, Juan Antonio Angulo, María Jesús Barcenilla, Naty Cabello y Carmen Marín.

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