Álvarez del Vayo: un símbolo republicano y de la resistencia antifascista.

Por Acacio Puig

Militante memorialista.

El último boletín del Amical de Antiguos Guerrilleros Españoles en Francia (número 144/ AAGEF-FFI/ aagef@free.fr) publica el llamamiento urgente en defensa de la suscripción pública que garantice la perpetuidad de la tumba ginebrina en que reposan los restos de Julio Álvarez del Vayo y Louise, su esposa.

Probablemente para las generaciones nacidas tras la constitución del 78 y la restauración borbónica, la personalidad de Álvarez del Vayo resulte ser tan desconocida como tantas otras que contribuyeron a mantener en jaque durante décadas a la dictadura franquista.

La desmemoria, cuidadosamente programada por los poderes gestores de la “transición”, ha barrido durante otros cuarenta años el período de Resistencia frente a un régimen cruel, criminal y embrutecedor, asentado en el pánico de masas a “señalarse” como opositor a la autocracia, la cárcel, el asesinato, el partido único y el sindicalismo vertical.

Por eso será necesario empezar por recuperar los grandes rasgos de la biografía política de Álvarez del Vayo, nacido en Villaviciosa de Odón en 1891 y fallecido en el exilio el 3 de mayo de 1975 a los 84 años de edad.

Del Vayo fue un buen estudiante de derecho que a los 20 años obtuvo beca en la London School of Economics. Su amistad con los Web le aproximó entonces al socialismo y le llevó a afiliarse al PSOE. Prosiguió estudios en la Universidad de Leizpig y simpatizó con el ala izquierda de la socialdemocracia alemana conociendo a Rosa de Luxemburgo, Karl Liebneckt y la corriente espartakista. A esos acontecimientos dedicó en 1918 el libro La senda roja.

Dedicado al ejercicio del periodismo visitó la Unión Soviética a la que dedicó los libros La Nueva Rusia y Rusia a los 12 años, precisamente sus simpatías por la Tercera Internacional le llevaron a conflictivas relaciones, tensiones y rupturas con el PSOE del que criticaba además sus componendas con la Dictadura de Primo de Rivera.

Tras la proclamación de la Segunda Republica (1931) del Vayo se incorporó plenamente a la política institucional como ministro de estado con Largo Caballero y finalmente con Negrín. Había ocupado los comisariados de Ejército y formado parte del Consejo Supremo de Guerra.

En febrero de 1939 pasó la frontera por Catalunya aunque regresó poco después a Alicante acompañando a Negrín en un vano intento de mantener la resistencia de Madrid en un país (seamos claros) ya militarmente derrotado.

Julio Álvarez del Vayo fue expulsado del PSOE con otras decenas de dirigentes en 1946 aunque su actividad política no cesó constituyendo en el exilio la Unión Socialista Española que presidió hasta 1964 en que promovió el Frente Español de Liberación Nacional, proyecto en cierto modo homólogo a los Frentes de Liberación constituidos un poco por todas partes durante la década de revoluciones anticoloniales.

Interesado en el desarrollo de la Revolución China, agrupó sus reflexiones en el libro China Vence, publicado en Paris en los años sesenta por la editorial Ruedo Ibérico.

En 1971 participó en la constitución del Comité Coordinador pro FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico) que sellaba la convergencia del PCE-ml, Vanguardia Socialista y otros grupos afines, pasando del Vayo posteriormente a presidir el FRAP y corresponsabilizándose, desde 1973, de su opción por la lucha armada.

En mayo de 1975 del Vayo falleció, meses antes de los fusilamientos de Septiembre de tres militantes del FRAP y dos de ETA, también meses antes de la muerte en cama del dictador golpista Franco.

Rehabilitado por el PSOE en 2008 (junto a Negrín y otros expulsados) en su honorabilidad socialista, del Vayo ha pasado a ser otra de las personalidades ignoradas por la historia oficial de España.

El olvido del precario reposo de sus restos en Ginebra-Suiza se ha resuelto provisionalmente gracias a la renovación de sepultura costeada por el Amical de Antiguos Guerrilleros Españoles lo que ha evitado –probablemente- que los restos de Julio y Louise hayan acabado en la fosa común. Terrible contrasentido para un país en que la amplia izquierda clama por sacar de las cunetas a miles de víctimas del franquismo aunque no acierta a alertarse ante el viaje de vuelta al osario sin identidad, de restos humanos impregnados de simbolismo militante.

No corresponde a quien esto escribe arbolar la suscripción pública que garantice la permanencia de la tumba del compañero republicano, socialista y antifascista del Vayo. Combatientes más próximos a su ideario político tienen en esto la palabra, la responsabilidad y la iniciativa. Pero quienes entonces formamos parte de otras alternativas al franquismo -en mi caso LCR- podemos sin embargo alentarles y ofrecerles nuestro fraternal apoyo político y económico a las iniciativas que propongan.

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