Los cargos públicos y las movilizaciones sociales

Por Oscar J. Domingo

La costumbre invetereda nos retrotrae a políticos, fundamentalmente del PSOE, que se acercaban a las movilizaciones para “dejarse ver”. Así, el anterior portavoz “socialista” era un habitual de cualquier sarao colectivo que se preciara, y otros como Octavio Granados, con una importante responsabilidad en el ataque a las pensiones cuando era secretario de Estado de Seguridad Social, tenía la desvergüenza regular de participar en los 1º de mayo…¡en defensa de las pensiones y el empleo dignos! Vivir para ver, oiga.

De este último me caben dudas pero confirmo que algunos/as miembros del PSOE eran sinceros en su apoyo a algunas causas y luchas, aunque su pertenencia a ese partido crea una importante contradicción…

Las últimas movilizaciones han adolecido precisamente de lo contrario; de una ausencia importante de cargos públicos de izquierdas. No recuerdo a ninguno solo en la concentración por los titiriteros, en las recientes movilizaciones de la PAH, … aunque muchos de esos cargos públicos hablan ahora de derogar la Ley Mordaza en un hipotético acuerdo de gobierno o gustan de hacerse las fotos de turno cuando menean ficha respondiendo a la demanda de la calle y de las luchas por la vivienda digna. 

Todos y todas en nuestros curriculum añadimos lo de “miembro de la PAH” aunque tan siquiera sepamos la calle en la que se reúne o lo hayamos olvidado ya del tiempo que hace que no participamos en ella… Me permito matizar, no obstante, que conozco alguna de esas personas que se esfuerzan por hacer y estar y me parece justo añadirlas a una digna lista de “excepciones”. 

Octavio Granados (PSOE) manifestación 1 de mayo de 2013

En las formaciones de izquierda, incluyendo las candidaturas unitarias actuales a lo largo y ancho de la geografía hay de todo como en botica, desde personas honestas y luchadoras, de las de siempre, hasta otras/os arrimadas/os al calor de mecanismos plebiscitarios que les garantizaban el cargo, pasando por quienes decidieron (y siguen decidiendo) dedicarse a vivir del erario público y no conocer la empresa privada y lo que sufre y padece la tan cacareada “ciudadanía” (todavía recuerdo hace muchos años a uno de la Nueva Izquierda que hacía toda una declaración de intenciones al responder a la pregunta “¿Profesión?” con una lacónica respuesta : “Concejal”). Lo dicho: como en botica, aunque como decía Marx; la historia se repite dos veces; primero como tragedia y después como farsa.. 

Sigo pensando que las instituciones, como dice un compi, son un “campo de minas”, sigo creyendo que las vidas de la mayoría social no se pueden arreglar desde las instituciones de la democracia burguesa, que fueron creadas para mantener el status quo y proteger las propiedades de unos pocos, pero ahora bien, mientras millones sigan votando y depositando sus (mínimas) esperanzas en las elecciones, hemos de afrontar varios debates, entre ellos qué perfiles han de tener las y los cargos electos. 

Un cargo público de izquierdas (a la izquierda del PSOE nos referimos) ha de ser una persona que venga de algún lado, que conozca el tejido social de su ciudad (no cuentan aquí los paracaidistas), que haya participado en algún sector del mismo y siga haciéndolo una vez tenga el cargo, que no olvide de dónde viene ni adónde va, que no olvide las prioridades en el momento de “jurar o prometer”. 

Lamentablemente cuesta dar la talla siempre, pero del blanco al negro hay una inmensa gama de grises y colores diversos. Un o una cargo público ha de “tocar cancha”, saber estar y acompañar sin salir en la foto, mostrar su apoyo a una lucha o a un sector en conflicto sin tener en cuenta mas factores que “lo que es correcto” aunque a veces parece que solo conviene tocar los temas que “construyan potencia política de transformación” (Bescansa dixit).
Ocupar la Junta de Castilla y León o un Banco para defender el derecho a la vivienda y que te saquen los antidisturbios como al resto de activistas, ser el primero en poner tu cuerpo defendiendo a un/a perseguido/a por la represión.
Ser cargo público conlleva una responsabilidad adicional que no consiste en limitarse a hacer las labores de oposición o gobierno que toque a cada cual; porque detrás de los papeles hay miles de personas; detrás de las ordenanzas hay seres humanos que las sufren, y detrás de una empresa en lucha hay decenas o cientos de familias viviendo situaciones duras e intentando resistir con dignidad.  Quien aspire a ser cargo público de la izquierda transformadora ha de haber vivido en el pellejo de la gente que dice representar y sobre todo, seguir manteniéndose en el mismo lugar en el que estaba antes de prometer…

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