2018: un nuevo 14 de abril

Por Acacio Puig 

87 años después de la proclamación de la II ª Republica Española el 14 de Abril de 1931, esperamos y participamos en un nuevo aniversario de lo que -con pena y sin gloria- parece que acabará siendo “el siglo de la Segunda República”…Trece años más y la añoranza de la legalidad republicana habrá cumplido el siglo.

Quienes -como es mi caso- nacimos apenas diez años después de la derrota de la República, cada nueva efemérides es tanto celebración memorialista como… luto. El pasado se aleja mientras el presente se enfanga.

Cada nuevo año de impunidad franquista, impunidad celosamente protegida por  políticos enterradores de la verdad histórica, se intensifica el luto y la rabia ante el muro de silencio y olvido, la euforia de banderitas roji-gualdas en los balcones  y la indiferencia de quienes no entienden (ó no comparten) que lo más próximo a la recuperación de la legalidad republicana está aconteciendo en Catalunya. Y eso, a pesar  de la beligerancia, calumnia y  aislamiento frente al hecho catalán que cultivan incluso muchos pragmáticos republicanos; republicanxs partidarios en este caso del todo o nada, es decir: ¡Si no hay República “Española”  cualquier atisbo de República Catalana ni nos concierne, ni merece nuestro apoyo!

En cualquier caso, este 87 aniversario me parece buena ocasión para retomar lo esencial de un artículo que publiqué en Abril de 2015 en Papeles Anticapitalistas, el modesto medio de comunicación que entonces editábamos en Burgos desde Izquierda Anticapitalista. Aquel artículo, “Grandeza y Miseria de la Segunda República” se incluyó en el número 18 de nuestra publicación.

Decíamos entonces que durante las primeras décadas del siglo XX, el pueblo español sufría las consecuencias del atraso e incompetencia responsabilidad de una burguesía  incapaz de rentabilizar productivamente sus negocios derivados de la neutralidad española durante la Gran Guerra (1914-1918), mientras que la oligarquía terrateniente y rentista seguía parasitada a al latifundio y a la sobre explotación de trabajadores agrícolas, aparceros y minifundios de sobrevivencia.

Tal y como si una extraña vocación depredadora se extendiera desde el saqueo colonial  de las indias  iniciado en 1492 (un saqueo que en España ni siquiera incentivó algo parecido a la Revolución Industrial) hasta un presente en que  seguimos siendo un país dependiente, un país de emigración de tabajadorxs e inteligencias, de inversiones productivas mínimas, de inversiones en I+D muy por debajo de la media de la UE, de pobreza, paro y precariedad…un país en que si hay crecimiento del PIB no luce…porque unos pocos se lo quedan, viven como Grandes de España y “ahorran” en las secretas huchas Suizas  y los Paraísos Fiscales.

Añadiremos que además, en aquel arranque del pasado siglo XX, el poder eclesiástico controlaba la mayoría de aparatos educativos, importantes medios de comunicación y contaba con un muy numeroso ejército religioso presente en ciudades, pueblos y aldeas: lo propio de una Iglesia diseñada como institución-partido, herramienta del gran terrateniente que acuñaba el nacional-catolicismo.

Y sin embargo, burguesía, terratenientes e iglesia contaban con un infalible Programa: la represión en la que se fundían ejército, policía, somatenes, “sindicatos de pistoleros” y las incipientes bandas armadas que calcaban las estructuras político-militares del fascismo italiano y el nazismo alemán.

La República, victoriosa en aquellas elecciones municipales del 12 de abril, heredaba por tanto caos, atraso, rapiña y represión y aunque los resultados electorales del 12  fueron indiscutibles para garantizar el cambio exigido por la mayoría social, los logros estuvieron muy por debajo de las necesidades populares.

Como consecuencia de esa victoria electoral se produjo el inmediato autoexilio de la monarquía borbónica y dos días más tarde la proclamación de la República y el 14 de abril de 1931 el pueblo recuperó las libertades -secuestradas por las Dictaduras de Primo y Berenguer, la monarquía alfonsina y la Iglesia- y se dispuso a ponerlas en uso y disfrute.

La euforia fue la marca del primer bienio republicano que estableció libertades constitucionales y definió los grandes lineamientos de la Reforma Agraria. Al menos se frenaba así el desahucio de miles de aparceros empobrecidos y permanentemente amenazados. Destacable es sin duda la labor de Clara Campoamor diputada por el partido Republicano Radical que logró el derecho de la mujer al voto.

La institución de la laicidad del Estado, y la proclamación del derecho al trabajo y a la enseñanza; también el encarar los derechos de las naciones sin estado mediante los Estatutos de Autonomía (aunque a tiempo solo se impuso el catalán y  luego el Estat Catalá…  logros que llevarían a la cárcel al president Companys). Se  sentaron pues bases generales  de  reformas bien enunciadas, pero mal realizadas por trabas de todo tipo y frágil voluntad política de los asustadizos y novatos poderes republicanos. El fracaso más evidente y de mayor coste después, durante la guerra, sería el colapso de la Reforma Agraria que limitó el apoyo político-militar campesino a la República

El bienio fue tenso. Las iniciativas de las izquierdas sociales e institucionales, hicieron posibles logros indiscutibles… logros siempre con el apoyo de la movilización y presión de masas (destacable, la semana de huelga sevillana en julio de 1931 y su posterior represión mediante proclama de ley marcial). Así llegaron la nueva constitución republicana en diciembre de 1931, las leyes de divorcio y secularización de los cementerios… en tanto que el Estatut catalá y la ley de Reforma Agraria se adoptarían en septiembre de 1932.

Al tiempo, avanzaba el rearme de las derechas, bendecido por el cardenal Segura, la fundación de nuevas organizaciones armadas de extrema derecha (JONS) y como punta del iceberg del movimiento faccioso-militar, el golpe de estado fracasado que había dirigido el general Sanjurjo.

Todo ello – y las vacilaciones en la aplicación de los aspectos más radicales y necesarios del programa de la República,  junto a algunas quemas de edificios religiosos hábilmente instrumentalizadas por los medios de la derecha- preludiaron  el fracaso de la izquierda en las elecciones municipales de abril de 1933.

El ascenso al gobierno de Lerroux y la implementación de  políticas republicanas de derecha, la fundación de la Falange, la reactivación de tercios armados de requetés, la permanente conspiración de la Iglesia, la labor amedrentadora y represiva  de la guardia civil…servirían de telón de fondo, visible,  a los acuerdos secretos entre el fascismo de Mussolini y derecha española (monárquicos, CEDA de Gil Robles…) acuerdos que en la hipótesis de golpe de estado militar, se apresuraron a concretar la ayuda militar de Italia en hombres y maquinaria bélica, a las fuerzas conservadoras. Lamentablemente no hubo depuraciones del aparato militar de mando, aun conociendo los riesgos implícitos en un ejército propenso a “los pronunciamientos” y sanguinario en las guerras coloniales (como las masacres, bombardeos y uso de armas químicas en Marruecos).

No se depuraría pues a los milicos, ni durante la presidencia de  Azaña (1931)  ni -con menor motivo-  durante el gobierno del corrupto Lerroux (1933), ni después de la victoria electoral  del Frente Popular en febrero de 1936, manteniendo Azaña la presidencia. Esa tibieza permitió campar a sus anchas al generalato reaccionario y preparar sin trabas el golpe militar a mediados de 1936.

A pesar de todo, el  llamado Bienio Negro (1934-1935) sería escenario de respuestas obreras y populares muy atentas y alarmadas ante  la fascistización de Europa (en 1933 Hitler se había impuesto como canciller del Reich, ilegalizando los partidos obreros socialistas y comunistas, los sindicatos… y se ampliaba la amenaza de la Italia fascista…toda una advertencia “ignorada” por las democracias occidentales).

La Comuna Asturiana –octubre de 1934- constituyó la más potente expresión de ofensiva revolucionaria y antifascista entonces,  pero la Comuna, aislada en una región por inconsecuencia de las direcciones políticas y sindicales, fue aplastada por el ejército y castigada allí y a lo largo de 1935, `por una feroz represión de las derechas en todo el país, eso sí,  bajo manto legal republicano.

Decíamos arriba que con la victoria electoral de las fuerzas de izquierda en las elecciones de febrero de 1936 (Frente Popular) la respuesta militar fascista del “alzamiento-nazional”  no se hizo esperar, porque se gestaba día a día desde 1931. Así concluiría el período de la República en Paz para dar comienzo a la Guerra de España, preludio y primer escenario  de la Segunda Guerra  Mundial.

Los años de guerra y resistencia 1936-1937-1938-hasta la caída de Barcelona en enero de 1939 y la entrada en Madrid del ejército de Franco en marzo de ese año) son demasiado importantes para resumirlos como posdata de este artículo; sin embargo  resultan imprescindibles para entender la derrota del régimen republicano y la victoria de las fuerzas más reaccionarias que han envenenado nuestra historia moderna…una victoria cuyas consecuencias seguimos padeciendo a día de hoy y en todos los ámbitos.

Nuestra vida social-cultural-política y económica sigue siendo en el presente heredera  forzosa  del único régimen fascistizante que  sobrevivió  hasta  el año 1976, arropado primero por Estados Unidos… -¡primero las bases militares, después ya se irá viendo!. Un régimen  progresivamente aceptado por “las democracias occidentales” a pesar de su parentesco con el fascismo-nazismo histórico, régimen que evidentemente no es lo mismo que la democracia del 78… pero que tampoco resulta tan radicalmente diferente, considerando nuestro modelo monárquico, centralista y autoritario al que se suma la actual fase de internacional capitalismo feroz.

Por eso es importante analizar críticamente la República durante la Paz y durante la Guerra, recuperar la verdad histórica, exigir justicia e imponer la reparación. Hay que  hacerlo desde la historia, la justicia y la política y a ser posible, hacerlo antes de que con 2031,  llegue el primer centenario de la Segunda República Española.

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